La obra artística: luces y sombras sobre nuestros tiempos - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2007-02-06

La obra artística: luces y sombras sobre nuestros tiempos

Daniel E. Benadava
Clasificado en:   Cultura: Cultura, |
Disponible en:   Español       
Compartir:


“ … El arte es una respuesta a la vida. Ser artista es emprender una manera riesgosa de vivir, de adoptar una de las mayores formas de libertad, es no hacer concesiones …
Antonio Berni

Las sociedades de nuestros días, contradictorias y conflictivas, nos muestran una realidad trágica y sin precedentes. Los hechos son elocuentes: mientras que la exclusión social tiende a convertirse en un fenómeno estructural de nuestros tiempos, en forma paralela, existe una exaltación de la felicidad y el bienestar individual, sin preocupación alguna por el prójimo, quien, más que un hermano, ha pasado a ser un obstáculo a saltear o un enemigo a vencer.

De esta manera, la vida humana evoluciona en el sentido de un progresivo deterioro, en el que millones de personas ven naufragar su vida en un mar de inestabilidad y angustia; en donde se promueve que el hombre tenga poder sobre la naturaleza y las personas; y se eufemiza la capacidad humana de amar, pensar, crear y sentir en comunión con los demás.

Claro está que el artista no es ajeno a estas cuestiones, ya que el mismo no es un genio extravagante y solitario que crea encerrado en su torre de marfil, sino que, por el contrario, su actividad se desarrolla, dentro de las relaciones que establece con sus semejantes, en el marco de las condiciones y los límites, tanto materiales como sociales, de su tiempo.

Ahora bien, algunos creen ver en la producción artística una actividad teórica ideal y aislada, del momento socio histórico en el que el artista se encuentra. Por este camino, el artista corre el serio riesgo de ser el creador, filosóficamente hablando, de una obra inauténtica, ya que toma a su creación como una obra extra social, histórica y política, y por ende, convierte a la obra de arte en un “ejercicio formal ”, en el que se pueden encontrar únicamente la combinación, “ estéticamente agradable ”, de colores, puntos, líneas, texturas, etc. Así mismo, a través de este sendero, el artista ignora que su obra es una interpretación de la realidad, debido a que en la misma, el creador de arte, con extrema sensibilidad y sutileza, expresa de forma subjetiva, su interacción con el medio social en donde se encuentra.

Por el contrario, cuando el artista se toma a si mismo como un hombre que pertenece a una época, y comprende que su creación solo puede ser entendida como la expresión de la inmensa variedad de interacciones en las que se encuentra inmerso, caerá en la cuenta de la responsabilidad que el tiene por la razón de ser de su obra, por las temáticas que aborda y por las que “ acalla ”, por la cantidad de realidad que procura trastornar, y por los valores “ éticos ” que intenta transmitir ya que, cabe recordarlo, el arte, como el amor y la mistad, son intentos que los hombres procuran realizar para trascender de su soledad.

Por esta vía, el artista podrá crear una obra auténtica, ya que será consciente de que a través de la misma le esta brindando a los demás una visión de la vida, de esa “dolorosa ” tensión, jamás resuelta entre la angustia y la felicidad, la vida y la desgracia, la alegría y el desamparo, por los que atraviesan los hombres y mujeres de nuestros días.

Entendida de esta manera, la creación artística resulta ser un complejísimo testimonio de una época, no a la manera de una tesis científica, una proclama política o una propaganda religiosa, sino por el contrario, como un sitio desde el cual, el artista intenta brindar a los demás, significaciones que buscan explorar los abismos de la condición humana. Por esta razón es que, tal vez, en muchas ocasiones, la obra de arte en una sociedad como la nuestra, azotada por la angustia, la ansiedad y la desesperación, lejos de tranquilizar al hombre, lo inquieta.

En este sentido, entiendo que al arte le están reservados el conocimiento, y la expresión, de las regiones más ricas de la vida humana, como son los sentimientos y las emociones. En efecto, en muchos aspectos, aquello que se puede conocer de la realidad humana mediante los esquemas de la razón, se asemeja a la impresión que un sordo de nacimiento podría tener de una sinfonía de Beethoven, leyendo su partitura. En cambio, la “ventaja” del arte, en relación con otras formas de conocimiento, radica en que rescata la individualidad de la persona, ya que ante la abstracción del pensamiento, persigue la concreción de una obra necesariamente particular; y en vez de enunciar discursos objetivos y universales, procura “ despertar e inquietar ” al sujeto que se encuentra atemorizado, angustiado y asilado, en una sociedad que esta en su ocaso.

Tomando en cuenta todo lo expuesto hasta aquí creo que, como mínimo, dos podrían ser las raíces metafísicas del arte de nuestros días: por un lado, la rebeldía y la reacción contra una civilización que esta en su ocaso, y, por otro lado, el “compromiso social ”.

La primera, especialmente en las creaciones artísticas que vienen desde el postimpresionismo hasta nuestros tiempos, se vincula con el rechazo de una cultura racionalista que trajo aparejada en muchos casos la cosificación y alienación de la vida humana. En este sentido, tal y como lo plantea Ernesto Sabato, el verdadero espíritu revolucionario de estas escuelas “ ... es lo que en líneas generales responde a una exaltación del yo, ese yo que se rebela contra la masificación que han traído la ciencia y la técnica. Es una rebelión a veces salvaje y convulsiva, hasta destructiva, pero en el fondo sana, contra una civilización que termina y que debe ser salvada por el rescate del hombre concreto, por el hombre que se caracteriza por su subjetividad, por su vida interior, y no por su calidad de cosa, de engranaje ... ”. Ahora bien, habría que recordarles a aquellos artistas que creen haber hallado en el Realismo Socialista la única respuesta a la actual crisis de la humanidad, lo que planteó Ernesto Guevara quién, en una carta enviada al Seminario Marcha de Uruguay en el año 1965, escribió: “ ... el arte realista del S XIX, también es de clase mas puramente capitalista, quizás que este arte decadente del S XX, donde se transparenta la angustia del hombre enajenado ... ¿ por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida ?. No se puede oponer al realismo socialista “ la libertad ”, porque esta no existe todavía, y no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva: pero no se pretenda condenar a todas las formas de arte posteriores a la primera mitad del S XIX desde el trono de pontificio del realismo a ultranza, pues se caería en un error de retorno al pasado, poniendo camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy ... ”.

La segunda se vincula con la posibilidad de entrever los valores, y las significaciones, que están implicados en el drama social y político de un momento socio histórico determinado. Ahora bien, es conveniente dejar en claro que la finalidad del arte, no es intentar modificar las relaciones sociales, ya que para realizar esta tarea existen otra clase de personas, como los políticos o los “teóricos revolucionarios ”. Si, en cambio, creo que es menester de la actividad artística procurar trastornar, dejar en evidencia, las formas establecidas y momificadas de nuestros tiempos, caracterizados por guerras, convulsiones sociales, torturas, secuestros y avasallamientos de los derechos humanos. Así mismo, entiendo que debería ser prioritario, para todo artista, crear obras que no queden sumergidas en un “presente autista y continuo ”, sino que por el contrario, procures rescatar la ilusión, y sembrar la utopía en los demás, de soñar con una sociedad mas justa y solidaria.

De esta manera, las grandes obras de arte se asemejan a aquellos rosales y jazmines que nacen sobre los escombros de nuestros tiempos, ya que se encuentran dialécticamente compuestas, por un lado, por sombras, desesperanzas, muertes y soledades; y, principalmente, por otro lado, por luces, esperanzas, amores y ansias de vida, que encienden nuestro andar e iluminan el futuro.

En resumen, el hombre de hoy vive en la crisis más profunda y generalizada de la humanidad, la cual lo coloca al límite de su propio existir. En esta situación trágica, el arte se transforma en una herramienta, a partir de la cual, la persona puede representar en imágenes el conocimiento amargo de la realidad, y en forma paralela, le posibilita expresar su necesidad de transformarla y humanizarla, produciendo nuevos sentidos, anudando y desanudando de manera novedosa aquellas estructuras que empobrecen su existir.

Bibliografía consultada

* Guevara, E. (1997). Obras completas. Buenos Aires: Ed. MACLA.
* Lanteri Laura, G. (1975). Los problemas del inconsciente y el pensamiento fenomenológico. En H. Ey: El inconsciente: el coloquio de Bonneval. México: Ed. SXXI.
* Lefebvre, Henri (1956). Contribución a la estética. Buenos Aires: Ed. Procyon.
* Sabato, Ernesto (1996). Obra completa: Ensayos. Buenos Aires: Ed. Seix Barral.

 

Lic. Daniel E. Benadava.

Psicólogo



http://alainet.org/active/15443&lang=es




[Página de búsquedas]  [Página principal]  [Main Page]  [Regresar]
Quienes somos | Área Mujeres | Minga Informativa de Movimientos Sociales