El ojo que llora y el que mata - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2007-01-23

Peru

El ojo que llora y el que mata

Raśl Wiener
Clasificado en:   Política: Politica, DerechosHumanos, Estado, |   Social: Violencia, |
Disponible en:   Español       
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Una marcha pro terrorista acaba de fracasar en Lima, según el titular del diario “Expreso” del día lunes.

Acompañé la marcha, así que puedo hablar de la clase de “terroristas” que iban en ella.

Ocho campesinos de Chaca, Ayacucho, que estuvieron injustamente encarcelados por el gobierno de Alan García, que no ha logrado resolver quiénes fueron los responsables de la emboscada y matanza en la curva de Machente, a inicios de diciembre.

La viuda de Teófilo Rímac Capcha, dirigente del FOCEP e Izquierda Unida, en Cerro de Pasco, muerto en manos del ejército en 1986.

La madre de Jorge Amaro Cóndor del caso la Cantuta y otros familiares de los nueve estudiantes y el profesor asesinados por el grupo Colina.

La Sra. Angélica Mendoza de Ascarza, madre de Arquímedes Ascarza, desaparecido en 1983

Ramiro Niño de Guzmán; quien perdió a sus cuatro hermanos (desaparecidos) en la localidad de Capio orco en Abancay, Apurimac.

Eudocia de Gavilán, esposa del guía de los periodistas de Uchuraccay, muerte el año de 1983.

Familiares del estudiante de la Universidad Católica, Ernesto Castillo Paez, desaparecido en 1990.

La Sra. Zenaida Fernández, quien sufrió la desaparición de su padre Nemesio Fernández.

Crispín Baldeón, hijo del campesino de 68 años Bernabé Baldeón García, torturado y muerto en el distrito de Independencia – Vilcashuaman – Ayacucho, producto de las torturas a las que fue sometido en septiembre de 1990, calumniado por Alan García como terrorista hace pocos días.

Juntos con todos estos tremendos terroristas iban algunos dirigentes de las organizaciones de derechos humanos, activistas de iglesia, jóvenes, y uno que otro personaje como yo, hastiado del clima autoritario y mortícola con que García esta cargando al país.

Que la defensa del Ojo que Llora merecía una mayor presencia y una movilización contundente, no me cabe ninguna duda.

Pero que aquí, el señor García M. puede decir terrorista a quién le parezca sin la mínima responsabilidad por lo que va diciendo, y enjuiciarme a mí por señalar que tiene relación con el negocio de la privatización de los aeropuertos, por la que hacía apasionada campaña periodística en nombre del “interés nacional”, tampoco puede discutirse.

Invito a todos, incluido el director del diario azul de ideas pardas, a asistir al Ojo que Llora y buscar la placa o el cartel que indique los fines que le asigna y supuestamente corrompen el alma de los visitantes del Campo de Marte.

La parte donde se menciona que hubo una guerra, un conflicto, terrorismo, subversión, algo y se explica cuál debe ser la mirada correcta sobre estos acontecimientos. La indicación acerca de que alguna vez funcionó una Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), que ciertamente fue inspiradora del proyecto.

Alguna condena a los militares que violaron derechos humanos, a los gobiernos que permitieron que esto ocurriera, a los subversivos que se alzaron contra el Estado. Una discusión sobre la cifra de los muertos. Una indicación sobre qué tipo de muertos se conmemora y a cuáles no.

¿Por qué un monumento que guarda respetuoso silencio por la tragedia del Perú enfrentado, que quebró hogares, borró pueblos, empujó poblaciones de un lado a otro, causa tanta irritación en el corazón de alguien que hasta donde se sabe nunca estuvo frente a un riesgo verdadero, como si lo estuvieron muchísimas personas, especialmente de la sierra y de la selva, entre ellas varios de los que marcharon en Jesús María?

Lo que lo desespera no está en las palabras que el Ojo no dice. Ni en los nombres que han sido colocados discretamente en las piedras por los familiares o los activistas de derechos humanos. Si sólo intentara discernir quiénes son los muertos que pueden ser conmemorados de aquellos que, después de la vida, se encuentran todavía fuera de la ley, se encontraría con graves problemas:

¿Habrá alguien en condiciones de establecer a estas alturas si los desaparecidos con nombre propio eran simpatizantes senderistas, cuando nunca se le pudieron levantar cargos o se dictó alguna sentencia, porque se evaporaron en manos de sus captores? ¡Y son casi 9 mil desaparecidos que sus familiares nunca volvieron a ver!

¿O tal vez habría que expurgar entre las víctimas del grupo Colina para saber si acertaron alguna vez con alguno de sus ejecutados y le dieron a un senderista y declarar que ese que murió junto a un inocente no merece ser recordado?

¿Quién propone discutir cuántos de los militares y policías muertos previamente cometieron actos contra los derechos humanos? Y se podrían dar ejemplos, pero igual van a quedar muchos que no sabemos.

¿Cómo juzgar a los ronderos que durante años pertenecieron a Sendero y luego se pasaron a la antisubversión, y en ambas condiciones participaron de crímenes atroces?

Y a los políticos asesinados por los pelotones de aniquilamiento, ¿los habrá vuelto mejores su encuentro adelantado con la muerte?

La guerra, como lo saben mejor que nadie los militares, esta llena de atrocidades, pero la peor de todas es la guerra misma. De eso trata el Ojo que Llora, de que los peruanos debemos evitar matarnos entre nosotros y tratar de encontrar la manera de resolver nuestros hondos problemas por otros medios.

Una de la maneras de salir adelante es respetar el dolor, el sentimiento de desagarro, de los que tuvieron pérdidas irreparables en el conflicto. Pero hay quienes no entienden eso. Imaginan que la única manera de sentirse seguros es seguir matando. Creen que eso fue lo que los salvó una vez y lo que los protegerá para siempre.

El otro García, el de la presidencia, lo ha captado y está haciendo una cruzada por la eliminación precoz de terroristas antes que sea tarde (más o menos como las guerras preventivas de Bush). Y García M. de “Expreso”, contribuye convirtiendo en pro terrorista todo lo que no piensa como él.

Hay ojos que lloran para que el Perú no sea un territorio desangrado. Para que reaccionemos a las injusticias, para que redistribuyamos mejor, para que el Estado responda al interés de todos; y hay ojos que nos advierten que la victoria sido suya y que nadie les toca más sus privilegios, y que los demás no tienen derecho ni a llorar.

¿Qué están preparando?

- Raúl Wiener es analista político y económico peruano.
http://rwiener.blogspot.com/



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